
Giusepp Martínez| ExpansiónOaxaca
A partir del 3 de noviembre, el celular quedará fuera de las actividades escolares en primarias y secundarias de todo el país. Las 32 autoridades educativas acordaron restringir su uso durante toda la jornada escolar, aunque los estudiantes podrán conservar los dispositivos en sus mochilas para situaciones de emergencia o casos particulares.
La medida busca enfrentar un problema que ya rebasa la distracción en clase: el uso excesivo de pantallas entre niñas, niños y adolescentes. La propia Secretaría de Educación Pública ha advertido que los dispositivos pueden capturar la atención, modificar hábitos y favorecer conductas automáticas; también se han señalado posibles afectaciones en la concentración, el sueño, la convivencia y el bienestar socioemocional.
Pero sacar el celular de las escuelas también abre un debate: ¿regular su uso significa educar para convivir con la tecnología o simplemente apartarla durante unas horas? Más del 90 por ciento de los adolescentes en México utiliza internet, de acuerdo con datos citados por la SEP, mientras especialistas han insistido en que el reto no consiste únicamente en limitar los dispositivos, sino en desarrollar alfabetización digital, acompañamiento familiar y un uso crítico y responsable de las tecnologías.
La discusión tampoco ha sido unánime. Docentes han manifestado reservas sobre el veto y han planteado dudas sobre su aplicación en las escuelas. A esto se suma la preocupación de familias que consideran que el teléfono también puede ser una herramienta de comunicación y seguridad para sus hijos. La propia SEP había planteado incorporar las opiniones de madres, padres, tutores, docentes y directivos antes de definir la regulación.
El reto, por tanto, no termina cuando los celulares se guardan en una mochila: el desafío será enseñar a una generación que ya creció conectada a utilizar la tecnología sin quedar atrapada por ella.